DIA 10: Esa mañana nos despertamos con la luz del alba. Montamos en nuestras bicis y nos dirigimos hacia la Central Station. Allí cogimos un tren con destino a La Haya. El Gran Jurado nos esperaba. El tiempo en La Haya era lluvioso y nos recordó al típico día de orvallo en Santiago de Compostela. No paraba de llover y cuando ya habíamos tirado la toalla, un rayo de sol iluminó nuestro camino. Decidimos reemprender la ruta antes de que volviese a llover. A medida que nos alejábamos de la ciudad el tiempo mejoraba. El sol se hacía más intenso, incluso sofocante. En esta zona se encuentran la mayoría de los invernaderos del país, y hay grandes extensiones dedicadas al cultivo de plantas; aunque como no era temporada no pudimos ver ni un solo tulipán. Cada vez estábamos más cerca de las islas Zeeland, conocidas por sus interminables playas de arena blanca y su clima agradable y soleado. Ya hacia la tarde llegamos a Maasluis. Alli tomamos un barco hasta Rozenburg. Esa noche nos quedamos a dormir en el camping de Brielle.
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